¿Estamos preparados en Chile para la próxima Revolución Industrial?

Hoy no amanecí con una paranoia sobre el futuro, a modo de Terminator, pero sí quiero comentar cierta inquietud que me advino debido a varios hechos y lecturas con las que me he topado recientemente.

En abril de este año, la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio (Amcham Chile) publicó un texto muy interesante titulado “La transformación digital se toma la banca”. En el estudio, se consultan fuentes importantes dentro del rubro, tales como Ricardo Matte, gerente general de la Abif, Francisco Heredia, director ejecutivo de Digital Bank, Sebastián Robles, gerente de Innovación de Bci, Francisco Letelier, gerente de Desarrollo y Gestión de Canales Digitales de BBVA Chile, Felipe Ramírez, sales Director de Oracle, José Antonio Álvarez, gerente de Consultoría para la banca de IBM, entre otros.

En general, hay una mirada a los últimos avances que ha realizado la banca de cara a ese término muy en boga hoy en día como lo es la “transformación digital”. En el estudio se indica que 7,5 millones de usuarios locales utilizan la banca digital. Realidad que responde, según la entidad, a que se está migrando de una banca masiva y transaccional a una digital-móvil, en donde los usuarios, con supercomputadores en sus manos, demandan acceso continuo, seguro y económico.

Ricardo Matte explica que el sector bancario ha realizado una estrategia basada en la identificación de las tendencias de digitalización y al mismo tiempo en la promoción de un ambiente adecuado para este nuevo ecosistema, con nuevos actores y desafíos, transformando este contexto en oportunidades y beneficios para la sociedad en términos de inclusión, acceso y seguridad de los servicios financieros.

Para ejemplificar, el gerente general de la Abif cita una encuesta de Accenture realizada a consumidores chilenos, en la que el 82% de los consultados dijo que había utilizado un canal online la última semana, mientras que sólo 30% visitó la sucursal en el mismo período. Además, el 46% afirma que deberían focalizar sus esfuerzos en el desarrollo de la banca móvil.

Esto ha llevado, según el estudio, a que las instituciones apuesten, en primera instancia, por crear cada vez mejores sucursales virtuales para luego migrar paulatinamente hasta llegar a aplicaciones que permiten tener “el banco en el bolsillo”. Con esto, en la mayoría de los bancos es posible revisar desde el estado de cuentas, realizar transacciones y solicitar productos y servicios, entre ellos, cuentas corrientes y créditos, obteniendo además, respuestas en transcurso de algunas horas.

Uno de los casos de digitalización más celebrado es el “Viajes de clientes”, implementado por el banco BCI; el cual permite abrir una cuenta corriente online, sin tener que ir a la sucursal, lo mismo con la línea de crédito, chequera y tarjeta de crédito. “Este viaje digital así de completo no lo hemos visto ni siquiera en Estados Unidos”, asevera el Sebastián Robles.

2015 y el aguafiesta Huawei.

 Asimismo, el estudio de la Amcham indica que Chile es uno de los países de Latinoamérica más desarrollados en cuanto a digitalización bancaria; incluso, se ubica por encima de Brasil, México y Colombia. En general, el estudio deja un buen sabor de boca con respecto a lo que se está haciendo en la actualidad. Sin embargo, esa sensación se disipa un poco al salir de las fronteras y ver las –ya no hipótesis– proyecciones del futuro empresarial e industrial de los próximos años. Esto, sin duda, me ha llevado a preguntarme ¿Es suficiente lo que hemos hecho y lo que estamos planeando para los próximos años?

En 2015 (dos años antes del estudio de la Amcham), durante un congreso en Pekín, Huawei presentó su nueva plataforma Agile Network 3.0, gracias a la cual será posible digitalizar áreas y procesos industriales completos, y LiteOS, el sistema operativo de 10 KB que se propone interconectar y potenciar a todos los equipos que conforman a Internet de las Cosas (Internet of Things, IoT), como se conoce a la próxima generación de dispositivos, autos y electrodomésticos, entre otros objetos.

 ¿Qué implica esto?

El «Internet de las cosas» está cambiando el mundo sigilosamente. Los objetos se comunican entre sí y empiezan a tomar «pequeñas» decisiones. Según explica William Xu, vicepresidente de marketing mundial de Huawei.

La tecnología aportada por Huawei responde a las expectativas de cualquier empresa o institución. Cuando se contrata una solución como esta –explica Xu- esperamos que sea capaz de funcionar y repararse sola, sin intervención humana y sin tener que tener a un ingeniero continuamente pendiente de todos los procesos; esperamos también que sea multiplataforma, esto es, que sirva para que se conecte cualquier tipo de dispositivo; que pese poco, sea manejable y que una pila pequeña le pueda durar cinco años. Además, le pedimos que sea seguro, que es el gran desafío de internet».

Huawei tiene la intención de establecer una estrecha colaboración con el sector industrial orientada al desarrollo de aplicaciones. Un nuevo ecosistema en el que los interlocutores y usuarios ya no son individuos, sino empresas e instituciones. En palabras de Xu, «ya no se trata solo de dar servicio a las necesidades del hombre o los objetos que le rodean, sino de los grandes procesos industriales. Es el desafío para la próxima década. ICT es la nueva revolución industrial. A partir de ahora, internet ya no será solo un sistema de apoyo, sino un nuevo sistema de producción. La industria tenderá plataformas de recogida masiva de datos y de análisis de esos datos para tomar decisiones. Para eso se necesita una nueva infraestructura. Se llama BDII (business driving id infraestructura)».

 Vayámonos de la Matrix y regresemos a la realidad.

 Para Prathap Dendi, director general de Tecnologías Emergentes de AppDynamics la próxima revolución industrial será la de las máquinas conectadas (concordando con la apuesta al IoT, de Huawei). Sobre esta nueva revolución, Dendi habla de una premisa fundamental: El software se está comiendo al hardware.

Todos los procesos de negocio serán tocados por uno o más dispositivos del IoT para finales del próximo año. Actualmente, Gartner estima que el Internet de las Cosas (IoT) toca a 5 mil millones de dispositivos, y se prevé que este número aumente a 25 mil millones para el año 2020. Esto no solo genera problemas de escala, sino también mayores demandas de la infraestructura y las aplicaciones. Todos los procesos de negocio que se manejan mediante software o en los que éste tiene impacto, que son la gran mayoría, serán trastocados por un dispositivo de IoT – como sensores inteligentes, impulsores, tecnología equipada con NFC y mucho más.

Por ejemplo, las compañías aseguradoras dependerán cada vez más del software para realizar diagnósticos a bordo, los vehículos serán cada vez más autónomos para alertar a los conductores de que es necesario darles mantenimiento de acuerdo con las condiciones, y las fábricas podrán optimizar sus operaciones gracias a los sensores integrados en su equipo. Estos son sólo algunos de muchos ejemplos.

 Entonces, ¿realmente nos estamos preparando?

 No es por sonar pesimista; pero cuando leo un estudio como el de la Amcham –si bien entiendo y agradezco la mirada positiva– no deja de inquietarme todos los factores que se están dejando a un lado (factores que incluso tienen más de dos años en la palestra).

Esta nueva Revolución Industrial, en la que ya trabajan empresas como Huawei, va más allá de una plataforma para hacer transferencias con mayor rapidez, o facilidades para abrir una cuenta RUT o una cuenta corriente (la cuales, aceptémoslo, siguen demandando procesos engorrosos, poco efectivos y, en su inmensa mayoría, presenciales).

Si aún no terminamos de vincular bien, mediante internet, a las personas con las empresas, ¿cómo haremos para vincular a las cosas de las personas con las empresas?

Lo que quiero decir es que aún hay mucho por hacer. No desmerezco lo que se ha alcanzado, pero me preocupan las proyecciones y los retos del futuro. Si bien Ramón Heredia dice: “el que no se sube al carro hoy (el de la transformación digital), puede perder el tren para siempre”, también se debe agregar que: el que no comience hoy a pensar en la verdadera carretera del futuro, se quedará con un carro sin camino.