Aclaremos este punto: la agilidad no es solo de los Millennials

Cuando hablamos de metodologías ágiles y, además, tomamos en cuenta sus antecedentes (Linux, las Lean Startup y toda la revolución informática de los años 90), solemos asociarlas a una generación en particular: los millennials, personas que han nacido entre los años 80 y 2000. De hecho, si pensamos en un símbolo representativo de esta generación, podemos concordar que el primer nombre que se nos viene a la mente es Mark Zuckerberg.

Son muchos los estudios, artículos y notas que hablan de la importancia que poseen las metodologías ágiles para la búsqueda de soluciones a las nuevas demandas de esta generación y viceversa: se nos habla del rol primario que ejercerán los millennials en la implementación y desarrollo de metodologías ágiles dentro de las organizaciones.

Un estudio de la Universidad de OBS Business School de la Universidad de Barcelona destaca el porqué de esta relación millenials-agile: “Una de sus características principales es que han sido testigos directos de la transición de los modelos análogos a los digitales. Es decir, no se consideran nativos digitales, pero tampoco han tenido que realizar un gran esfuerzo para ponerse al día en lo que tiene que ver con las dinámicas del siglo XXI. Esta doble condición es la que sin duda les deja en inmejorable situación para liderar gran parte de los proyectos del nuevo mileno. Nadie mejor que ellos para saber en qué consiste el cambio que presenciamos en la actualidad y de qué forma afrontarlo si se aspira a tener éxito en el nuevo escenario”.

 Es verdad. La relación entre los millennials y las metodologías ágiles es irreductible: se necesitan. Sin embargo, me preocupa (no)ver en este y tantos otros textos la importancia que tienen los ejecutivos y gerentes más adultos, que no pertenecen a la generación Y, pero que de igual manera ejercen puestos piramidales dentro de las organizaciones. Personas mayores a los 50 años que con esfuerzo y experiencia se han ganado la oportunidad de dirigir proyectos y asumir el grueso de las responsabilidades dentro de las empresas.

En entradas anteriores hemos hablado que implementar metodologías ágiles dentro de las empresas es algo complicado. No tanto por la dificultad del proceso, sino por el coraje que se necesita. El éxito de las metodologías tradicionales viene dado por la misma metodología: en ella yace el inicio, el desarrollo y final del proyecto. En cambio, en agile el proyecto se desarrolla con base en decisiones. Decisiones que, evidentemente, deben ser tomadas por un chief o gerente. Decisiones que deben centrarse en los usuarios y basarse en la intuición y el buen juicio del líder y su equipo, porque, en definitiva, los antecedentes en metodologías ágiles son nimios y escasos.

¿Dejaremos a los jefes a un lado?

Para nadie es un secreto, sobretodo en Chile, que los puestos de alto rango dentro de las organizaciones lo ocupan personas que no precisamente pertenecen a la generación Y.  Entonces, si nuestros estudios se centran únicamente en la relación agile-millennials y dejamos de lado a su generación anterior, quienes, siendo sinceros, son los que están llevando en su mayoría las riendas de las organizaciones nacionales, nos estamos privando de ayudar y orientar a todos esos gerentes que son los que se tienen que poner la chaqueta y sacar la cara por el equipo.

Lo hemos dicho antes: es muy difícil implementar la agilidad de forma escalonada. También hemos explicado el riesgo que representa implementarla de bombazo en su totalidad. En su momento propusimos que lo ideal era implementarla desde el (insertar nombre).

¿Y quién es el encargado de tomar esa decisión? Pues, ese gerente, manager o chief, mayor de 40 o 50 años.

Por eso, considero que es vital no dejar fuera del debate la importancia que juega esta generación en la implementación y desarrollo de metodologías ágiles dentro de las organizaciones. Son ellos quienes hoy en día se la tendrán que jugar. Son ellos quienes tendrán que tomar las decisiones importantes; son ellos quienes irán dejando antecedentes para las próximas generaciones.